castell1castell2Por razones personales que no vienen especialmente al caso, me elevé en la mañana, nada más despuntar el alba, y subí hasta 855 metros sobre el nivel del mar, en la montaña en la que se encuentra el Castillo de Alaró, mi patria chica, para rendir visita a Nuestra Señora del Refugio, la Virgen bajo cuya advocación nos sentimos amparados y protegidos los naturales de este pequeño rincón de Mallorca. Quien espere encontrar una fortaleza o un castillo de cuento en la cima de esa montaña se llevará una extraordinaria decepción, porque tras muchas batallas e inclemencias, lo que resta son apenas unos torreones y algún que otro fragmento de muralla. Sí encontrará la capilla de la Virgen, construída en 1764, con una talla de madera que, cuenta la tradición, fue hallada en una pequeña cuevecilla que se encuentra en un lateral del camino de acceso, casi a la misma llegada a la hospedería que hay allá arriba.

El caso es que, desde allí en lo alto, los pueblos y ciudades de esta bella Isla se ven muy chiquitajos, como miniaturas. Y los enormes barcos de la bahía de Palma, situada a unos treinta kilómetros, apenas son unas manchitas blancas.

A mi regreso, me entero de que los desalmados de ETA han vuelto a aguar la fiesta con sus barrabasadas de siempre, aunque, por suerte, no ha habido víctimas. Cuatro explosiones sobre las que el ínclito Rodríguez Zapatero no ha querido pronunciarse en su visita al Congreso de los socialistas catalanes, no sea que se ofendan con referencias a otros temas que no sean ellos mismos. Y, además, seguimos viendo que su solución a la crisis pasa por 'no aplicar las políticas de la derecha'.

Vamos a ver, presidente. Que sí, que esto ya te lo hemos entendido. Pero lo que queremos saber es cómo se salta de un tejado a otro sin red sin meterse una nata. O sea, como se puede repartir más recaudando menos. Que no presidente, que las dos tardes de economía no fueron suficientes. Si no hay nuevos ingresos, no puede haber más gastos sin ir a la quiebra o al concurso de acreedores (tristemente de moda hoy en día). Y los ministros Solbes y Sebastián siguen haciéndose el sueco no vaya a ser que el leonés les acabe mandándo el motorista, como Franco en sus mejores tiempos, con la carta de dimisión.

Yo, por si los acasos seguiré rezando a Nuestra Señora del Refugio, que me da más confianza y no me genera ninguna duda sobre sus criterios morales.

Antoni Martín