jose-luis-rodriguez-zapateroRetrotraigámonos a los albores de la ideología socialista, cuando Karl Marx y Friedrich Engels lanzaban aquel entonces polémmico "Manifiesto comunista". Era una respuesta a una situación crítica de unos trabajadores sometidos, en el inicio de la Revolución Industrial, a unas condiciones laborales extremas, con jornadas extenuantes, salarios míseros y sin más límite que el de la supervivencia. Esa respuesta sería, justo es decirlo, hoy por hoy, anacrónica, puesto que se ha demostrado la inoperancia de un sistema que acababa aupando a una jerarquía burocrática en lugar de la empresarial. No hay más que analizar con frialdad lo ocurrido en los países del Este durante la segunda mitad del siglo XX. Por ello resultó lógica la renuncia de Felipe González al marxismo en aquel histórico congreso de un PSOE que acabó convirtiéndose en hegemónico durante dieciséis años. Pero siguieron, al menos en lo ideológico, amparándose en teorías socialdemócratas tanto en lo económico como en lo laboral. En la práctica, la corrupción y los devaneos con los empresarios del 'pelotazo' rápido anularon esa tendencia.

José Luis Rodríguez Zapatero, presidente del Gobierno y secretario general de los socialistas, muestra un nuevo camino que poco o nada tiene que ver con reivindicaciones de trabajadores o con la tesis marxista de la igualdad y la lucha de clases. Es más, centra su vía en presuntos avances como la ampliación de la ley del aborto, la legislación sobre la eutanasia o el avance en la laicidad del Estado. Todo ello muy 'políticamente correcto', pero alejado de las verdaderas prioridades de los que menos tienen. Es como si no existieran ya injusticias sociales, como si hubiéramos alcanzado la cima en cuanto a bienestar y como si no tuviéramos sobre nuestras espaldas una terrible crisis que castiga a los más pobres.

Y no es que la respuesta no pueda venir de otras alternativas políticas, puesto que la respuesta a la desaceleración económica parecen tenerla más clara los conservadores de PP, CiU y PNV, aunque sus discrepancias en otros asuntos sean notables. Pero llama la atención que los socialistas hayan dejado de serlo para convertirse en 'progres de salón'. Antes de mirar más allá, conviene no tener el estómago vacío. Pero parece ser que en Moncloa sucede algo parecido a lo del protagonista del proverbio: Cuando señalas con el dedo la Luna, el necio mira el dedo.

Antoni Martín