TRICHETEn tiempos de tribulación dice el refrán que no hay que hacer mudanza, como advirtiéndonos de que podemos, como dice aquel otro: salir de Guatemala para caer en 'guatepeor', o marcharnos de Málaga para entrar en 'malagón'. Esto no quiere decir que debamos apechugar estoicamente con los males habidos y los que están por venir, sino que no conviene que toquemos aquello que funciona razonablemente bien.

El Banco Central Europeo (BCE) es una entidad que ha respondido de forma lógica a los embates económicos sobrevenidos en diferentes épocas y ahora ha tocado mantener el precio del dinero y advertir que, si la escalada de precios continúa, habrá que incrementar los tipos para contener la inflación. Es como sumar dos más dos. No hay vuelta de hoja.

Pues parece que el asunto le ha sentado tan mal a nuestro presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, que ha advertido seriamente a Jean Claude Trichet que se abstenga de hacer tales declaraciones porque provocan la subida del Euríbor. La incidencia de las declaraciones 'zapateriles' en el resto de la Unión es como la de la caída de una motita de arena en alta mar o, si se quiere, como el efecto de erosión que provocaría en la Tierra una mosca volando por encima de nuestra atmósfera. No deja de ser un movimiento de cara a la galería de quien, ante la ausencia de ideas para afrontar una crisis cada vez más grave, hace gala de una 'idiotez' en sentido kantiano que da gusto.

Y la semana viene calentita. Con huelga de transportistas, la flota pesquera amarrada y muchos otros sectores planteándose qué movilizaciones pueden llevar a cabo para que este desgobierno que hemos puesto otra vez ahí deje de hacer oídos sordos y se deje de monsergas.

Antoni Martín