Benedicto_XVIComo viene siendo habitual, las críticas al asunto que nos ocupa vienen más desde fuera que desde el propio ínterin de la Iglesia católica. Se trata de los nuevos 'pecados sociales' dados a conocer por el Vaticano y que mucho tienen que ver con la sociedad occidental en la que nos movemos. Vaya por delante que la concepción del término 'pecado' hay que definirla como la desviación del camino que debe conducirnos a obrar en consonancia con la doctrina de Jesús y no como un mero listado de cargos de conciencia. Y, dado nuestro materialismo extremo y la precaria educación que damos a nuestros hijos en el ámbito de la moral, es normal que ellos crean que todo esto es sólo asunto de curas y mayores que, como yo, aseguran que estamos un poco anclados en el pasado. Todo esto es consecuencia del abandono de la espiritualidad y de la constante búsqueda de bienes materiales como fin en sí mismo.

Si entramos en el fondo del asunto, vemos que todos coinciden plenamente con lo que desde la Iglesia se ha defendido siempre: el respeto a los valores de la naturaleza como un bien que nos ha sido otorgado por Dios (ecología), el rechazo de la acumulación de riqueza por mero enriquecimiento personal (egoísmo), la postura contraria a las diferencias que se exacerban entre ricos y pobres (justicia social) y, como no puede ser de otro modo, la oposición a la manipulación genética (querer convertirnos en dioses). Ese último punto, con poder ser controvertido para algunos, pone de relieve los peligros a los que nos aboca, sin conocer sus posibles consecuencias a medio y largo plazo y con todos los problema que puede conllevar una selección a la carta de seres humanos, por poner sobre la mesa dos de las cuestiones polémicas que plantea.

Finalmente, valga decir que las críticas a esto planteamientos siempre proceden de lo 'políticamente correcto' y de los mal llamados 'progresistas' (como si la doctrina social la iglesia sobre la justicia social fuera retrógrada). Con todo, si se definen como agnósticos, ateos o hacen gala de otras creencias, no veo por que razón les entra tanto anti eclesialismo. En cualquier caso, deberíamos ser los católicos los que nos pronunciáramos, puesto que es a nosotros a quienes se destina el mensaje del Santo Padre. Los demás pueden seguir conviviendo con sus reglas morales, que nos dejen a nosotros las nuestras, nuestro espacio personal y nuestra espiritualidad.

Antoni Martín