27930_juHa llegado el momento en el que comprobamos cómo se van pagando las letras suscritas hace ya tres años. Poco a poco vencen los plazos y hay que abonar lo que se adeuda. Poco importa todo lo que se ha quedado en el camino. ¡Qué más da que hayan tenido que morir centenares de personas! Todo el guión está perfectamente escrito. No hay marcha atrás. No existe ningún país democrático que deje las manos libres a sus gobernantes para ponerse a los pies de los terroristas, cediendo a sus pretensiones, acatando su voluntad, por encima de la suprema soberanía de los ciudadanos de bien.
El 14 de marzo de 2004, el PSOE ganó las elecciones para reconducir un país tras unos atentados traumáticos. Todos esperábamos entonces que se produjera un período político de serenidad, sin grandes cambios, salvo los normales de un Gobierno diferente. Pero no ha sido así. Se ha pretendido reescribir la historia y redefinir un Estado sin pasar por los cauces establecidos para ello. Y, lo que es peor, se ha echado por la borda la lucha contra quienes nos han asesinado vilmente durante más de treinta años.
Casi es obligada la rebelión cívica, la auténtica revolución ciudadana, si no queremos acabar siendo cómplices del mesias del laicismo y de la falsa paz que se nos ha instalado en el palacio de La Moncloa. Algo está fallando cuando se remueven los cimientos de la convivencia democrática desde la presidencia del Gobierno y los ciudadanos no pueden hacer nada para evitarlo. Un asesino, un terrible psicópata se ha ido de rositas a su casa en una demostración palpable de cesión al chantaje, de cobardía institucional, de insulto a la inteligencia y de nulo respeto a la ley que se aplica a los demás sólo cuando interesa y conviene. Es un día muy triste, demasiado triste como para no sentir asco y vergüenza.

Antoni Martín