Los descerebrados de ETA han vuelto a cometer un execrable crimen, acabando con la vida de un policía, Antonio Eduardo Pueyes, un inspector jefe de la Brigada de Información de Bilbao especializado en la lucha antiterrorista. El primer recuerdo sea para su familia, destrozada por el dolor, para sus amigos y compañeros.
Dicho lo cual analicemos las circunstancias en las que se produce este nuevo atentado de la banda que ha engañado a diferentes Gobiernos en otras tantas ocasiones. Los servicios del Centro Nacional de Inteligencia (CNI), esenciales en la lucha contra este tipo de bárbaros, están, hoy por hoy, con su división antiterrorista descabezada y más preocupados por los presuntos abusos de su director Alberto Sáinz (pesca de peces espada, llimpieza de su piscina por agentes, etc...) que por sus imprescindibles tareas.
El descontrol es tan palmario que la banda se ha hecho con información sensible no de un fácil objetivo, sino de uno de los pilares de la lucha contra el terror asesino etarra. Preocupa y mucho que la información de los asesinos alcance estos niveles, lo que evidenciaría que la desafortunada gestión en Defensa de la ministra Carme Chacón alcanza al departamento de Alfredo Pérez Rubalcaba, que puede pasar de notables éxitos a la percepción de ir muchos pasos por detrás del enemigo.
Es evidente que ETA quería poner sobre la mesa un muerto tras el pacto de socialistas y populares en el País Vasco, pero lo que resulta alarmante es hasta dónde han sido capaces de llegar.
Si el Gobierno de Rodríguez Zapatero tiene serios problemas para afrontar asuntos como el de la crisis económica, una política internacional que se haga respetar o una política energética hecha con los pies en la tierra y no con la mente puesta en los cerros de Úbeda, que los asesinos etarras tengan capacidad para ejecutar atentados a ciertos niveles puede ser un suma y sigue para considerar a este Ejecutivo el 'summum' de la incompetencia.
Nadie debe culparle de los crímenes de unos desalmados, pero debemos exigirle que esté a la altura y se deje de monsergas. Lo de la unidad de los demócratas está muy bien, pero hay que dotarlo de contenido. Ya no valen las palabras huecas, ni las políticas de diseño. Y mucho menos cuando lo que está en juego es la vida de personas inocentes y honradas.
Antoni Martín









