Aún conmocionado, con el impacto de una nueva tragedia sobre el suelo de nuestro paÃs, escribo estas lÃneas rememorando otros hechos que han marcado los veranos, que han dejado huellas de dolor y de tristeza de difÃcil consuelo en el seno de centenares de familias.
En momentos asÃ, en nuestras mentes se entrecruzan sucesos como el incendio de Guadalajara, en el que perecieron 17 personas; la riada del camping de Biescas, con decenas de vÃctimas, o aquel lejano incendio del camping de Los Alfaques en los años 70, cuando perecieron más de un centenar de personas carbonizadas tras el vuelco de un camión con una carga quÃmica peligrosamente mortal.
El estÃo de 2008 tiene ya su luctuoso acontecimiento en España, una tragedia aérea, una catástrofe que se ha cobrado la vida de 153 personas, entre ellas, muchos niños. El primer recuerdo es para sus familiares, esos seres humanos transidos de dolor cuyo sufrimiento es inenarrable y con quienes nos tiene que unir una inquebrantable solidaridad. Y nuestra oración para los difuntos, que sin saberlo, emprendieron a bordo de ese aparato un viaje sin retorno.
Ya vendrán tiempos para el análisis, para determinar si el avión debió o no despegar, para saber si la compañÃa escatimó o no medios humanos y materiales en plena crisis, para saber si la zona de despegue es inadecuada por la presencia de buitres, aguilas y otras especies de grandes dimensiones protegidas. Dejémoslo por ahora en manos de los investigadores y de los expertos. Ya analizaremos los hechos cuando dispongamos de todos los datos.
Hoy, es un dÃa para sumarnos a los que sufren, y hacerles llegar todo nuestro apoyo. Estemos con ellos desde la distancia. Y recordemos que no es el momento de hipótesis absurdas, ni de teorÃas sin pies ni cabeza sobre las causas de tan terrible siniestro. Es la hora de la reflexión y para los creyentes, la de la oración.
Antoni MartÃn











